jueves, 19 de febrero de 2015

Tan inigualable como sus arepas

En el municipio de Yacopí ubicado en el departamento de Cundinamarca, nació un 20 de octubre de 1950, Alba Flor Ruiz Linares. Una persona maravillosa y carismática que ha sabido librar con paciencia y esfuerzo las situaciones difíciles  que la vida le ha presentado.  

Se casó cuando tenía 22 años y nunca imaginó que tiempo después el rumbo de su vida tendría como destino Medellín. Todo ocurrió hace 35 años debido a que la empresa en la que laboraba su esposo en Cundinamarca, lo trasladó a dicha ciudad, pero al tiempo lo desvincularon, lo cual hizo que las condiciones económicas cambiaran.  

Con el pasar de los días su esposo trabajó de forma independiente, sin embargo, los ingresos económicos no fueron los esperados. Y los gastos del hogar no dieron espera, así que, Alba se vio en la necesidad de trabajar para colaborarle. Decidió recibir clases de manualidades en la iglesia de San Javier, ubicada al occidente de Medellín. Allí, aprendió diversas técnicas y se encaminó por el sendero de las artesanías. 

Las ofreció en algunos parques de la ciudad y en unos cuantos municipios del departamento de Antioquia, para obtener así algunos ingresos. En total fueron dos años, en los que trabajó de feria en feria. Luego optó por laborar en algo diferente, y decidió vender obleas en una mesa pequeña, en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, aunque fue complicado porque no tenía un lugar fijo para venderlas. Al tiempo su esposo falleció de un cáncer de pulmón y quedó sola con sus tres pequeños hijos, Alfonso, Marcela y Cristina. 

Una compañera de Alba que vendía arepas de chócolo estaba muy aburrida trabajando de un lado para otro y decidió montar una microempresa de confecciones en su casa. Ella, le sugirió conseguirse un carro de comidas rápidas y le dijo que empezara a vender arepas, no sin antes, darle la receta para hacerlas. Y desde entonces, Alba lleva casi dos décadas haciéndolas y vendiéndolas en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot. Pasó de comercializarlas de un lado para otro de forma inestable, a hacerlo de manera permanente en su propio local con agua, luz y gas. 

"Yo le agradezco a Dios porque ha sido como la base más importante que he tenido para poder salir adelante, sentir como ese apoyo de él, le da a uno muchas enseñanzas y lo orienta a uno si uno se deja. ", expresó Alba Flor.  

No pudo contener las lágrimas tras decir dichas palabras, por lo que decidió levantarse de la mesa y tomar una servilleta para limpiarse el rostro. Su voz quiso encubrirse, las palabras le costaron cada vez más, pues viajar al pasado le generó mucha nostalgia, fue recordar un poco el dolor y los momentos difíciles que tuvo que sortear.

Es normal encontrar a Alba los fines de semana con una hermosa sonrisa y un brillo mágico en sus ojos. Siempre tiene una excelente disposición y actitud para recibir a sus clientes, los cuales quedan fascinados con la atención y los productos, pues poco a poco ha ido ensayando otros, entre los que se encuentran pasteles de pollo, patacones y empanadas. Todo lo que vende lo elabora como si ella lo fuera a consumir o alguno de sus hijos, así que, le impregna una gran dosis de amor a todo lo que prepara. 

Sus clientes y compañeros la estiman profundamente. Y es que con su dulce forma de ser enamora por completo. Nunca está de malgenio y cuando siente que lo puede estar, prefiere no ir a trabajar porque sabe que debe encontrarse en las mejores condiciones para laborar.  

"Es una gran persona, muy buena compañera de trabajo. La estimo mucho, nos colaboramos la una a la otra. Cuando una de las dos no viene a trabajar nos extrañamos bastante. La admiro mucho y es bueno contar con personas como ella", comentó Amanda Martínez Berrío, compañera de trabajo. 

Arepas venden en muchas partes, pero las de ella son de puro chócolo, el sabor es único, no tienen ningún tipo de conservantes o colorantes. Ésta es una de las razones por las cuales tiene clientes que llevan consumiéndolas de forma continua, y los que por primera vez las prueban, quedan fascinados. Hay incluso personas que van exclusivamente a comprarle varios paquetes, de hecho, hasta la llaman por teléfono para encargárselas.  

Gracias a la venta de arepas de chócolo Alba logró sacar adelante a su familia. Hoy sus hijos son profesionales y todo por su esfuerzo, paciencia, trabajo y entrega. En la actualidad tiene tres nietos, a los que ama intensamente, Matías, Samuel y Miguel.  

"Lo grandioso de la vida es saber que existen personas tan maravillosas, que siempre tienen una voz de aliento para dar, ayudar y apoyar", expresó Franceley Marín Giraldo, amiga. Ella todos los domingos la visita sin falta alguna en su puesto de trabajo y se deleita con una deliciosa arepa de chócolo. Son tan ricas que la gente no se hastía, es más, incluso Alba las consume al igual que sus hijos.  

Su vida no ha sido fácil, pero las ganas de salir adelante le han permitido sortear todos los inconvenientes que se le han presentado en el camino. Lucha siempre por lo que quiere e intenta hacer las cosas de la mejor forma posible. "Lo que sea siempre hacerlo bien hecho", puntualizó Ruiz Linares.

domingo, 1 de febrero de 2015


Viajes imaginarios que ensalzan los sentidos

Aún recuerdo la primera vez que visité una biblioteca, fue en mi barrio, la Floresta, tenía aproximadamente unos siete años de edad y una curiosidad absoluta por saber qué había al interior de decenas de libros cuyas pastas coloridas enmarcaban el inicio de grandes historias, mágicas historias, que me permitieron soñar, imaginar y crear, pues, a través de cada imagen y  letra pude conocer otros escenarios, otros mundos, incluso fantasiosos, que engalanaban mi inocencia y que por momentos me hacían pensar que todo era real.

Era una tarde calurosa cuando ingresé por primera vez a dicho recinto atiborrado de libros. De inmediato, dibujé varias sonrisas en mi rostro y me alegré de saber que para estar allí sólo necesitaba tener ganas y deseos de explorar cada libro ubicado cuidadosamente en las estanterías.

El año testigo de esta vivencia fue 1998, por cierto, está intacto en mis recuerdos. Aún puedo navegar por cada rincón de dicho escenario y reproducir en mi mente majestuosos momentos, como por ejemplo, las tantas veces que me senté en las coloridas sillas de la sala infantil que tenían forma como de lápices y estaban adornadas con el tricolor de nuestra bandera: amarillo, azul y rojo, los cuales inundaban de alegría el lugar. Recuerdo que pasé decenas de tardes leyendo grandes historias, entre ellas, la de “Los Tres Cerditos”.

Con el paso de los días mis visitas a dicho lugar fueron incrementando, y gracias a mi hermana mayor pude sacar el carnet que me acreditaba como usuaria, y con el cual podía solicitar préstamos. A pesar del tiempo transcurrido aún conservo ese carnet amarillo, a sabiendas de que ya es obsoleto. Presentando dicho documento podía prestar tres libros normalmente, y en temporada vacacional esta cifra se duplicaba, así que, iba y aprovechaba esta gran oportunidad para seleccionar seis libros de mi interés, y así, llevarlos a casa para posteriormente leerlos con tranquilidad.

En ese entonces aún no estaba el auge de la tecnología, o por lo menos a mis manos no había llegado, de modo que, la biblioteca se había convertido en ese lugar que frecuentaba constantemente, no sólo para divertirme, sino también para estudiar, pues, allí encontré muchas de las respuestas a decenas de interrogantes que mis profesores de tarea me planteaban. Muchos libros se convirtieron en mis “compañeros” y en la solución a dichas preguntas.

Tiempo después tuve mi primer computador, y las consultas que realizaba en la biblioteca las empecé a hacer a través de la web. Ingresé luego al colegio y allí encontré una buena biblioteca a la que acudía constantemente e incluso hice mi proceso de alfabetización en dicho lugar. Me alejé de la biblioteca la Floresta, sin embargo, me topé con otras como la de Comfenalco y San Javier, lugares que he visitado a menudo hasta la fecha. 

La biblioteca del barrio fue remodelada por completo y abrió nuevamente sus puertas al público en el mes de agosto de 2011, pero fue solo en el año 2013 cuando me volví a topar con ella, después de más de diez años. Fue una experiencia hermosa porque a pesar de que la infraestructura cambió por completo todavía se respira el mismo aire de antes, ese aire bañado de saber, de tranquilidad.

Curiosamente ingresé y me senté a leer, y no precisamente novelas, entré a la sala infantil para recrear muchas escenas del pasado. Tomé varios cuentos ilustrados y los empecé a leer nuevamente con una sonrisa en el rostro que ha cambiado con el paso de los años pero que sigue significando lo mismo, alegría.

Duré varias horas sentada en las pequeñas sillas de colores en las que mi cuerpo reposó tantas veces, pero esta vez de manera diferente porque éste ya no encaja muy bien en ellas, sin embargo, todavía está intacto ese amor por los libros, ese amor por las historias que se encuentran en cada uno de ellos, esa pasión por la letras que estremece mi alma. 

Los libros siguen siendo mi fiel compañía. Mis amigos infalibles, los que siempre han estado ahí, esperando mi llamado, deseando mi presencia, añorando que los abra y les permita cobrar vida con cada página.

A veces me indago qué sería de mi vida si mi familia y mis maestros no me hubiesen encaminado por tan solemne sendero: la lectura. Sería una vida muy diferente, tal vez, vacía, porque los libros nos alimentan, nos forman, nos transforman, nos educan, nos ensalzan. Sencillamente pensar por unos segundos mi existencia sin ellos sería un hecho bastante lamentable. Es que desde muy niña estos me han estado acompañando, y espero lo sigan haciendo, por lo tanto, deseo ir de la mano de ellos hasta el final de mi existencia, hasta mi último suspiro.

Leer es el camino para escribir o al menos te da unas bases sumamente sólidas para hacerlo. Leer es abrir nuestra mirada a un mundo lleno de posibilidades, y probablemente, gracias a dicho verbo conjugado decenas de veces es que surge en mí el respeto y el amor por la escritura.

Sé que no soy Gabriel García Márquez ni familiar de Rafael Pombo, sé que sólo soy una persona del común que encontró en las letras una forma de expresar ideas, pensamientos y sentimientos, motivada a raíz de la lectura, puesto que, cada libro, cada texto, cada periódico que ha pasado por mis manos me ha enseñado algo, desde datos históricos, hasta palabras extrañas o desconocidas, pero que con el frecuente uso he ido implementando paulatinamente en mi léxico, aquel que está ávido de más términos y significados.

La forma en la me expreso ha sido bastante influenciada por los libros y la prensa, pues, digamos que a medida que uno va leyendo va aprendiendo cada vez más, y con mayor razón cuando lo que leemos es de nuestro interés.  Es sentir esa sed de aprendizaje, de estar por ejemplo actualizada de lo que ocurre en mi ciudad, en mi país, leer para informarme, leer para entender el mundo con todas sus aristas, leer para entretenerme, para incrementar mi saber.

Y es que los libros tienen un poder indescriptible, ellos pueden hacer que cambies tu forma de pensar, de ser, de actuar. Incluso, a veces surgen muchas dudas, y queremos encontrar las respuestas en otros ejemplares, definitivamente no podemos pretender ser los mismos antes y después de leer un libro, nunca seremos los mismos, ya que, siempre sucede algo que nos puede hacer incluso cambiar radicalmente o quizás optar por determinado estilo, por ejemplo, cambiar de religión, las inclinaciones políticas, todo depende de lo que leamos y de la manera en la que veamos y asimilemos lo que estamos leyendo.

Debo decir que he llegado a lugares recónditos sin necesidad de poner un pie en ellos, todo a través de la creatividad y de la imaginación, aquellos boletos que abren miles de puertas y te permiten transportarte de una época a otra tan sólo con abrir un libro y explorarlo, un viaje infinito que emprendí hace muchos años y del que no he regresado. Un viaje que espero muchos emprendan para que sean conocedores de un placer inefable, de un conjunto de experiencias inolvidables al volante de un libro.




Una mujer encantadora que cautiva con su esencia


Hace algún tiempo tuve la fortuna de conocer a una mujer maravillosa que me cautivó con su sencillez. Se trata de doña Teresa Sánchez, la protagonista de la crónica “La vida es dura pero hay que saber librar con ella”. Una historia que me fascinó y que seguirá cobrando vida a través de las letras que la narran.

Aún recuerdo la alegría que le dio cuando le regalé dicho texto, y la tristeza que develó su rostro meses después cuando perdió algunos objetos personales entre los que se encontraba su apreciado escrito. Jamás imaginé que lloraría por haberlo perdido, de verdad, que fue una sorpresa dicho gesto, pues también había extraviado un radio y otros elementos importantes a manos de alguien indelicado.

Al enterarme de lo sucedido, de inmediato le prometí entregarle una copia. A los días en su poder yacía ésta. Me enorgullece mucho el hecho de que valore lo que escribo, porque pocas personas notan que a veces se plasman las ideas y los pensamientos pero con el alma y el corazón. Que alguien valore lo que escribes es una gran recompensa que te motiva a seguir empuñando el esfero para plasmar vivencias del otro, experiencias, opiniones y por qué no, llevar un mensaje que logre conmover e incluso estremecer.

Tere, como últimamente le digo (pues siempre le dije doña Tere, pero no le agradaba mucho), es una persona sumamente especial. Ella es sencilla, sensible, amable y ante todo noble. Tiene un gran corazón y eso claramente lo revelan sus actos. Y sí, todo tengo que decirlo, se ganó mi cariño desde el primer momento, porque encontrar personas con esa gran calidad humana es sumamente complejo.

Saber que soy importante para ella, me llena el alma. Escuchar su voz cada 1 de noviembre, me hace muy feliz, porque es difícil recordar fechas y ella  tiene muy clara la de mi cumpleaños y bueno, esto se volvió un gesto recíproco, porque en mi mente danza un 13 de septiembre con mucho jolgorio, pues, un día como éste hace más de seis décadas nació, para contagiar al mundo con su esencia y adornarlo con su presencia. Me encanta saber que en su corazón y mente hay un espacio para mí.

Recibir varias llamadas telefónicas en el año es muy satisfactorio. Es gratificante entender que no existe un vínculo consanguíneo, pero sí una fuerza y un cariño inmenso que no se dosifica jamás. Con el tiempo se ha solidificado la amistad, y he logrado corroborar la pureza de la misma.

lunes, 5 de enero de 2015



Mímame, un festival para reír, soñar y  disfrutar


Las caras pintadas, las narices rojas y las sonrisas se tomaron Medellín durante nueve días, gracias a la versión número 17 del Festival Internacional de Mimos y Payasos Mímame 2014 que se realizó en la primera semana de noviembre y contó con la participación de artistas de México, Costa Rica, Guatemala, Italia, Brasil, Chile y el anfitrión Colombia.

La programación fue artística y académica, esta última incluyó dos talleres de comedia del arte italiana dirigido por Antonio Fava. Un taller denominado el placer en la escena con Víctor Quiroga de Chile. También tuvo cabida un foro titulado La relación de los mimos clowns con los espacios callejeros.

Algunos de estos encuentros fueron gratuitos y permitieron conocer un poco más a fondo detalles artísticos en los que la gestualidad, el ritmo, la improvisación y las funciones de los personajes estuvieron presentes. Y es que los aprendizajes y las actualizaciones dentro del gremio son constantes, pues se innova continuamente con el fin de mejorar cada día las presentaciones y tener a los espectadores satisfechos.

Las muestras artísticas y académicas fueron presentadas en espacios abiertos y cerrados entre los que se incluyeron instituciones educativas, parques recreativos y teatros entre otros. Las risas y los espectáculos también estuvieron presentes en municipios como Bello, Rionegro, Carmen de Viboral, Santa fe de Antioquia y Apartadó. Hasta estos lugares llegaron los mimos y los payasos para compartir momentos coloridos y mágicos.

La acogida por parte del público cada vez crece más. El reconocimiento del evento se incrementa con cada versión y la satisfacción de los espectadores se revela sonrisa tras sonrisa. Los niños se sorprenden con cada acto, pero no son los únicos, los adultos también, ambos disfrutan atentamente de cada expresión, sonido e interpretación que por momentos logra cautivarlos y alejarlos de la realidad, esa que para muchas personas no es muy amena.

Y es que con sonrisas, dulces gestos y abrazos desaparece por unos instantes la tristeza. Se desdibujan los problemas y las preocupaciones y se da cabida a la tranquilidad y a la felicidad, las cuales son indispensables para llevar una vida más grata. Hacer reír es un verdadero don que no todos los seres humanos poseen. Encarnar personajes es toda una proeza.

Pero para eso existe la vocación, indispensable a la hora de emprender cualquier profesión u oficio. Además de eso la preparación constante, a través de la observación, porque los días pasan y con ellos las ideas. Algunos shows se van quedando atrás por lo que los artistas deben ir dando vida a otros. Los libretos constantemente deben irse creando, los papeles y personajes deben cobrar vida y delinear sonrisas.

La mayor recompensa para los mimos y los payasos es el acompañamiento del público, ver la alegría en cada uno de los rostros de los asistentes y escuchar decenas de aplausos como muestra de satisfacción y agrado. Y es que de nada sirve tener un buen espectáculo sino se cuenta con uno de los principales elementos: los asistentes.

“Eventos gratuitos como estos son los que necesita la ciudad. Ojalá se le siga apostando a la cultura, me pareció increíble, me reí mucho”, manifestó Juan Carlos Acevedo, uno de los asistentes.

Cuando un artista solicita el acompañamiento o el apoyo de personas del público siempre hay una disposición y una actitud idónea por parte de éstas. De hecho, encarnan por algunos minutos papeles con mucha naturalidad y destreza. Tal vez por la sencillez y la confianza que generan los artistas gracias a sus miradas y a esa calidad humana que poseen.  

Los eventos estuvieron cargados de música variada, vestuarios llamativos, y diversos elementos que decoraron cada presentación. Entre ellos, bombas de colores y papel picado. Cada evento del Festival estuvo impregnado de alegría.

Y es que el teatro sin palabras, más conocido como pantomima, cuenta historias a través de las miradas, las sonrisas y ciertos ademanes que se acompañan muchas veces de algunos objetos, los cuales permiten recrear historias. El lenguaje corporal expresa más de lo que muchos imaginan y se convierte en una de las principales herramientas de los actores.

Un personaje en escena, es el resultado de una preparación previa. Que implica grandes dosis de imaginación, creatividad, ejercicios de escritura y destreza. Los mimos y payasos constantemente se preparan para sus presentaciones. Buscan conocer nuevas tendencias para llevarlas a la práctica, pues saben que sus actos deben actualizarse.

La clausura del evento se realizó en el sector Carabobo Norte entre el Jardín Botánico y el Parque Explora. Allí, había una tarima instalada y varias carpas atrayentes que cautivaban la atención de los asistentes y los transeúntes. Los artistas estuvieron muy cerca de estos, incluso hubo cierta interacción fuera de escena que incluyó hasta felicitaciones de por medio.

Uno de los personajes que cautivó con su carisma y sus actos fue Pepe Picaporte, un Clown de Costa Rica con 15 años de experiencia en este arte que decidió convertirse también en bufón hace 6 años. Su trabajo se inclina más hacia esta última línea, la cual va dirigida a un público más que todo adulto. Sin embargo, toparse con pequeños no es inconveniente para él.

“Ahorita mi representación es más de bufón que de clown Felicísimo de estar acá en Colombia en este Festival de Mimos y Clowns es la tercera vez que vengo y súper feliz, el público es maravilloso acá en Antioquia es muy entregado”, comentó Picaporte.

Su ojos maquillados de negro y blanco, hacen juego con su camisa de rayas y su overol oscuro. Sus pómulos tienen una línea de pintura color rojo, su boca rebordeada de tinta negra intenta por segundos pasar desapercibida gracias a la enorme nariz roja que lleva consigo. Este actor tiene clara la diferencia existente entre el clown y el bufón.

“El clown es más amoroso, juega más con los sentimientos, con la palabra, con la mirada, con el público.  El bufón es más político, más anarquista, siempre va a jugar con la verdad aunque duela”, señaló Pepe Picaporte.

Un personaje carismático, que compartió no sólo su talento, sino también su afecto a través de cálidos abrazos y algunas fotografías que le brindó amablemente a quienes se le acercaron para conocerlo un poco. Y es que el amor por el arte pareciera desbordársele por los poros o al menos es lo que transmite con cada una de sus acciones, con cada uno de sus gestos.




“Que mejor que un payaso, un bufón para hacer lo que no se puede hacer, simplemente la máscara más pequeña del mundo, con esa lográs lo que sea”, expresó Picaporte.

¡Payasos, payasos! empezó a aclamar el público mientras esperaba la siguiente puesta en escena a cargo de "Ayité" de Medellín, quien salió al escenario con una nariz roja, un maletín bicolor, medias de rayas y un pequeño ramillete de flores de colores. Una música de suspenso amenizó en un principio su presentación. Se bajó de la tarima e interactuó con algunos asistentes.

Aprovechó para seleccionar a una acompañante con la que realizaría parte de su show y dio inicio a su espectáculo. Sacó de su equipaje una nariz roja, luego unas rosas del mismo color y comenzó a interactuar con la mujer del público. Sin murmurar palabra alguna dejó entrever lo que llamaríamos una conquista, esto gracias a sus movimientos y ademanes que se entrelazaron para dibujar sonrisas y robar carcajadas a niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos.

La música cambió paulatinamente. Otra mujer participó de la puesta en escena. Un paraguas rojo intentó cubrir la lluvia de espuma generada por ésta. El silencio hizo presencia junto con la ambientación, esta vez, en forma de humo.

"Ayité" decidió pronunciar unas cuantas palabras e intentó dar una pequeña cátedra sobre el miedo. El sonido de fondo fue tenebroso para ir acorde con su escaso discurso. Las risas fueron constantes y hasta hubo espacio para gritos imperativos. Los rostros de los presentes se tornaron alegres y expectantes hasta que dijo: “el cuarto miedo es el miedo a la soledad” y se marchó junto con sus acompañantes, dejándolos sorprendidos y envueltos en risas.


El siguiente show estuvo a cargo del chileno Víctor Quiroga. Los  aplausos se hicieron presentes. La alegría fue la protagonista, junto con la música, una verdadera aliada que aguardó cada movimiento. La interacción con el público nuevamente se dio, éste debía decir constantemente “chan chan” como parte del show.

Los niños estaban sentados en primera fila mirando atentamente cada detalle del artista de cabellera larga que capturaba toda la atención con sus intrépidos movimientos al ritmo de rock. Dos niñas se subieron a la tarima y lo acompañaron por unos cuantos minutos. Posteriormente el género musical cambió por uno más suave. Realizó una simulación con una pequeña flauta y posteriormente se puso un atuendo de mariachi.

Algunos asistentes se estremecieron cuando el artista lanzó una rata de peluche. Esta pasó de mano en mano, en medio del repudio y la risa que generó entre ellos. Después uno de los participantes interactuó con él al ritmo de rancheras.

La Bandita Alegre de Chile, fue el siguiente grupo en presentarse. Con instrumentos musicales arribaron al escenario. Demostrando su cariño por nuestro país: ¡qué viva Colombia! dijeron en medio de aplausos. El público fue muy receptivo y colaborador. Varias personas se sumaron al espectáculo. Posteriormente unos huevos ficticios, agua y harina hicieron parte de la muestra artística.

Los rostros enaltecidos fueron una constante. Las risas no dieron espera e hicieron presencia durante todo el show. Los artistas capturaron por completo la atención de los presentes, los cuales disfrutaron al máximo cada puesta en escena.

“Gozamos más los grandes que los chiquitos. Me encantan los payasos, me encanta el teatro, yo amo el teatro”, indicó Miriam Viana, una de las asistentes al evento.

El último acto estuvo a cargo de Carlos Alberto Álvarez, uno de los mimos más importantes y representativos de Colombia que ha representado al país en diversos eventos internacionales, compartiendo sus obras y su talento con personas de diferentes lugares alrededor del mundo. Lo conocen como “Carlos Mimo”, siempre tiene una sonrisa en el rostro acompañada de una alegre mirada que emerge con naturalidad  de sus ojos verdes.

El amor por el arte nació en él desde los nueve años cuando de la escuela lo llevaron a un circo. Lugar en el que se dejó cautivar por las luces, la alegría, el color y las representaciones artísticas. Ese mágico universo continuó llamándole la atención y poco a poco su fascinación por el teatro fue creciendo.

Carlos Álvarez, es el fundador y Director de El Circo Medellín, el único circo sólido de la ciudad. Allí, el arte hace presencia a través de diferentes manifestaciones entre las que se encuentran la música, la imitación, la pintura y el baile.

Desde que se subió al escenario cautivó con su sonrisa y puesta en escena, la cual incluyó un baile con un saco de color café y una pequeña modificación en su indumentaria que contó con un sombrero de dos colores, un pantalón azul oscuro y unos gigantes zapatos negros.

Con asombro fue observado por los presentes mientras desarrollaba su espectáculo. Se ocultó detrás de una pared azul y salió en brazos de un alto personaje, que llamó bastante la atención.“Mímame es un evento muy importante para la ciudad y el país para los mimos del mundo, porque aquí vienen personajes muy representativos, del mundo de los mimos de los clowns, y es un evento que también tiene su parte académica y es muy importante para nosotros los payasos y para el público, para la formación del público”, comentó Carlos Álvarez.

Después apareció galopando en un caballo blanco en medio del júbilo y el cariño de un público satisfecho que con alegría, rostros ensalzados y aplausos dijo: gracias. La historia de esta versión del Festival Mímame llegaba a su fin. A la tarima se subieron todos los artistas para entrelazar sus brazos e invitar a todos los asistentes a la próxima edición de esta fiesta colmada de risas que cada vez cautiva más corazones. 

“Esta es la versión 17 y ya hemos formado un público en Medellín y es una oportunidad también para nosotros los artistas de encontrarnos, de ver cómo están las tendencias, qué se está haciendo para dialogar sobre nuestro arte, el clown de los payasos, de los mimos. Y tenemos una intención de llenar este mundo de payasos”, manifestó Álvarez.

Las historias mudas atiborradas de gestos, imitaciones e improvisaciones enamoraron a los asistentes de un arte lleno de color y vida, que cada vez cautiva a más personas, las cuales disfrutan al máximo de cada presentación cargada de alegría. 





martes, 25 de noviembre de 2014



Durante tres días Medellín fue el escenario de acrobacias, piruetas y coreografías

Con un potente sonido de fondo, y al ritmo de líricas en inglés, 7.546 deportistas demostraron su talento en el Campeonato Nacional de Porrismo Medellín 2014. El encuentro deportivo se desarrolló en el Coliseo Iván de Bedout de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot entre el 11 y 13 de octubre.

El apoyo en la tribuna por parte de los asistentes fue notorio. Al ritmo de tambores, vuvuzelas, pitos, aplausos se vivió cada presentación. Banderas de diferentes lugares del país se ondearon de un lado a otro. El papel multicolor picado también estuvo presente dándole un toque carnavalesco al evento.

Los participantes con su indumentaria llamativa capturaron la atención del público. En el pecho y en la espalda portaban más que el nombre o el logo de su equipo, allí, llevaban con orgullo las letras de su lugar de origen. Y es que fue un encuentro que reunió personas de diferentes lugares del país. En total participaron porristas de 35 ciudades, entre ellas Villavicencio, Cúcuta, Manizales y  Bogotá.

Medellín, también tuvo sus representantes. Porristas de diferentes colegios de la ciudad demostraron su talento. El equipo Hunters de la Institución Educativa Kennedy fue uno de ellos. Sus participantes vestidos de blanco y azul hicieron su mayor esfuerzo, realizaron cuidadosas piruetas y movimientos. La seguridad fue una de sus aliadas y se vio reflejado en los resultados.

“No hay palabras para describir lo que se siente estar ahí parada”, expresó Daniela Argáez, una de las integrantes del equipo. Y es que participar por primera vez en un evento de talla nacional y salir victoriosa es una verdadera alegría para ella, pues su equipo se llevó el primer puesto en la categoría nivel dos y nivel tres. Sus primeras preseas doradas decorarán su cuarto y le recordarán que con esfuerzo, pasión y disciplina es posible alcanzar los sueños.

“Entrenamos lunes, miércoles y viernes en el colegio”, señaló Argáez. Los encargados de dirigir esta labor son Andrés Felipe Arango y Dany Correa dos jóvenes entrenadores que gracias a sus conocimientos y entrega disfrutan el sabor de la victoria y permiten que el amor por este deporte siga creciendo.

La victoria es una gran recompensa al esfuerzo y al sacrificio que implica la práctica de un deporte. Los trofeos, las medallas y los dos millones de pesos que en total recibieron, son un aliciente más para seguir cosechando triunfos en una carrera prometedora, pues el año anterior este equipo también escribió sus propias páginas en dicho campeonato. Un primer lugar y un tercer puesto dejan entrever el nivel del equipo Antioqueño.

En diciembre estarán representándonos en un torneo en Cali. La preparación no cesa, esperan con ansias participar en más eventos y volver a escribir las líneas de la victoria en el Campeonato Nacional de Porrismo en el 2015. Los títulos obtenidos reafirman el potencial que poseen. “Me dio mucha alegría estar ahí, porque uno se siente muy competitivo”, manifestó Lorena Montoya, integrante del equipo.

Pero no sólo la felicidad rondó entre los integrantes de Los Hunters. También estuvo visible en Ana Osorio, madre de familia. “Siento una alegría muy grande al ver que a mi hija le gusta el porrismo, si le gusta, para adelante”, manifestó  Osorio.
Antes de enfrentar al público y a los jueces, los integrantes del equipo se animan mutuamente. Sus dos entrenadores, emiten las últimas indicaciones en donde de por medio está la palabra concentración, indispensable a la hora de ejecutar cada movimiento. Finalmente oran y salen a demostrar sus mejores piruetas.  


Es indispensable que los deportistas cuenten con el apoyo de sus seres queridos, pues estos se convierten en una especie de motor que los impulsa a seguir adelante ante la presencia de victorias y derrotas. Al finalizar las presentaciones muchos deportistas tuvieron la fortuna de ser recibidos con calurosos abrazos. Otros simplemente se conformaron con un apoyo desde la distancia.
Viajar de una ciudad a otra, implica gastos y sacrificios, pero en el fondo genera grandes satisfacciones. Muchos deportistas tuvieron la oportunidad de conocer Medellín y llevarse consigo grandes aprendizajes culturales. Competir en un escenario ajeno y sentir el respaldo de tantas personas es gratificante para ellos.

El equipo de la Institución Educativa Kennedy no fue el único que causó sensación durante el campeonato. También lo hicieron los cinco grupos de personas en situación de discapacidad que por tercera vez consecutiva participaron del evento. 80 porristas que a pesar de tener discapacidad física y cognitiva lograron coordinar sus movimientos y batir sus pompones con entusiasmo.

Desde las tribunas los asistentes enaltecidos recompensaron el esfuerzo de cada uno de estos deportistas con sonrisas y aplausos. El porrismo les ha permitido desarrollar sus capacidades y mejorar sus condiciones de motricidad y flexibilidad. Han aprendido a creer más en ellos y han logrado un mejor lugar dentro de la sociedad que tantas veces los excluye.
El progreso y los avances que trae consigo la práctica del porrismo se ha evidenciado no sólo en sus actuaciones deportivas, sino también en sus vidas cotidianas. Y es que muchos de ellos han sido discriminados por algunas personas a las que les cuesta entender que la diversidad enriquece y que cada ser humano es sumamente importante a pesar de su condición física o cognitiva.  

Gracias a la práctica de este deporte se sienten más incluidos, y por momentos apartan las miradas intimidantes de muchas personas incrédulas, que se detienen a observarlos con asombro, por su aspecto o condición. Cuando están en el escenario se entregan con el alma. Con sus miradas inquietas y sus tímidas sonrisas intentan demostrar que ellos también pueden.

En cada asistente dejaron grandes enseñanzas, que permitieron evidenciar que los limitantes muchas veces son imaginarios e impuestos. “Me encanta que puedan participar. Son muy lindos, lo hacen muy bien”, expresó Jorge Restrepo, uno de los espectadores.  
Cada figura realizada por estos deportistas estuvo acompañada de aplausos constantes que se convirtieron en un gran elemento que los motivó a desarrollar cada movimiento de la mejor forma posible. El asombro fue notorio entre el público, los aplausos se quedaron cortos para engrandecer la labor de cada uno de ellos. Detrás de estos participantes hay familias felices que con orgullo ven progresos en ellos, tanto físicos como mentales. 
Pero los entrenadores también cumplen con un gran papel. La paciencia es uno de los principales elementos a tener en cuenta. El aprendizaje es posible, sólo que es a otro ritmo. Es importante creer en cada uno de ellos. El apoyo es fundamental para que puedan sortear las dificultades existentes a la hora de desarrollar cualquier actividad.

“Estuvo chévere, muy bonito todo. Muy buena la organización, muy exigentes”, señaló Ánderson Gutiérrez, integrante del equipo Bogotá Cheer Athletics. Él no sólo se llevó a sus 20 años una medalla de bronce para su ciudad natal sino también una gran experiencia para su vida.

Hace cerca de 30 años se empezó a practicar el porrismo en nuestro país. Sin embargo, esta disciplina sólo lleva un año como deporte, pues siempre fue catalogada una afición. A pesar de que en la ciudad no hay escenarios propios para su práctica, es normal encontrarse a los amantes de esta disciplina en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, realizando piruetas y figuras al aire libre.

Cada vez crece el número de personas que practica el porrismo. No sólo los niños y los jóvenes se atreven a realizar coreografías y cuidadosos movimientos. Los adultos y las personas de la tercera edad también tienen su lugar dentro de este deporte, que cada vez gana más adeptos.

Los que practican el porrismo coinciden en que este deporte es un estilo de vida, que les permite lograr habilidades y destrezas al ritmo de canciones. Los entrenamientos son realizados con pasión porque saben que con estos pueden ir forjando una carrera gloriosa. En cada presentación intentan mostrar pericias y finos movimientos.

El porrismo cada vez adquiere un mejor lugar dentro del campo deportivo, sin embargo aún es escaso el apoyo. Faltan escenarios, patrocinios y eventos que respalden la práctica de esta disciplina que se esparce paulatinamente por diferentes lugares del país.

Medellín sigue siendo reconocida en Colombia en esta disciplina deportiva. No sólo en cuanto a la organización y logística, sino también en materia competitiva, pues el nivel es muy alto. Pese a que este año participaron tres ciudades menos con respecto al 2013, el evento sigue cautivando a los amantes de este deporte.